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Pareja

¿Qué pasa cuando el Amor se muere?

Cuando el amor se muere. Es una frase muy común en nuestros días tanto así que muchas parejas deciden no casarse por lo costoso que casarse supone, y más ahora con cifras galopantes, que nos dicen que más de la mitad de matrimonios terminará en divorcio, y con las cifras casi igualadas en torno a infidelidad, es claro pensar que el amor se muere.

Como consultor me ha tocado que ver cada relación y entender la anatomía de la ruptura, y lo que he encontrado mientras hago la autopsia de la relación, es que en muchas ocasiones lo que unió a dos personas lejos de ser el amor, era meramente una necesidad insatisfecha, producto a veces de la vanidad, o el deseo de sentirse importante.

Seccionando todavía más las partes de la ruptura, veo lo débil que son las relaciones hoy día frente al tema de la economía, la distribución del gasto y el cambio de entorno, y es común que me encuentre con muchos hombres y mujeres, que dada su condición estática, un día por el cambio de entorno, decidan dar por terminada la relación.

Si vamos más allá, me doy cuenta que muchas relación, nunca gozaron de lo que podemos definir como verdadero amor, y lo que es peor, no hay nada para juzgar porque no hay crimen.

La supuesta muerte del amor es más bien un mito, porque en muchas parejas tal muerte no existe.

¿Entonces esto quiere decir que NO se muere el amor?

Lo que ocurre en algunas relaciones es que el amor no muere, sino más bien, es que nunca existió. Lo que existió fue un deseo desenfrenado de poseer al otro, y hacer del otro una cubierta en donde esconderse, o buscar refugio afectivo.

Y es que muchas relaciones se forman a partir de deseos muy efímeros, que nunca pasan la barrera del tiempo, y lo que es peor son muchas las personas que esperan que el caudal de emociones dopantes, que los drogo en un principio, siga estando presente sin que ellos hagan nada al respecto por mantenerlo.

Así, lo que verdaderamente muere es el deseo, la lujuria, la vanidad o dependencia hacia una pareja.

Y es curioso que lo que hace que muchas relaciones se mantenga adheridas son solo los hijos, pues después de un tiempo ambos dan a sus respectivas parejas por sentado, sin motivación para seguir en la relación toleran las cosas como son.

Y solo encuentran un poco de “deseo”, en una relación de infidelidad.

Así, el verdadero amor cada día se va acabando, y se está concentrando en pequeñas elites. Dentro de poco la felicidad matrimonial, estará en manos de un pequeño grupo de personas, privilegiadas; quizas.

Lo cierto es que para que exista tal cosa como el amor, es necesario primero aprender a vivir con el amor propio antes de vivir con el amor ajeno, y aprender a interdepender.

Es curioso pero somos muchos los que sólo nos hemos quedado con dos modos de amar, por un lado ser dependiente hasta el grado de sentir que la vida se nos va si nuestra pareja nos deja, o por otro lado, ser tan “autosuficiente”, que desvirtuamos a nuestra pareja y la colocamos en el último peldaño.

Así la mejor forma para amar, yace en la capacidad de tener una vida equilibrada de la mano de aprender a interdepender.

Sólo el balance, la armonía y la correcta elección de una pareja sana, nos llevará a algo realmente cercano al verdadero amor.

De no hacerlo, sólo un pequeño puñado de la población podrá disfrutar de una verdadera relación de pareja.

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